Hay palabras amables y palabras malhumoradas (por metonimia, claro, que las palabras no tienen la culpa), palabras en las que confiamos y palabras que nos ponen a la defensiva. Algo que, por supuesto, no es inamovible ni igual para todo el mundo, pero que suele funcionar de forma más o menos generalizada en ciertos ámbitos.

Tomemos dos palabras que resultarán familiares a todo el mundo: improvisación y creatividad. Fuera del ámbito artístico y teatral, ambas tienen unas reputaciones un tanto curiosas: la primera tiene una extraña tradición como de amiga divertida pero que evitamos cuando vienen visitas importantes. La segunda es como amante que se desea en secreto, que uno querría conocer más y mejor pero no acaba de atreverse del todo, siempre mirándola con dosis parejas de admiración y recelo.

Con matices y precisiones, todos reconocemos en la creatividad un valor para la vida y para el trabajo. Como decía Ana María Matute, “quien no inventa no vive”. Ahora bien, la creatividad requiere conocerla bien para así no temerla e incorporarla adecuadamente a nuestras habilidades, para usarla bien y desmitificarla. Porque si decíamos que tiene ese aura de “femme fatale”, también tiene, por lo mismo, un cierto toque de mito mal curado, como ocurre con muchas de las virtudes relacionadas con lo artístico, como la intuición, la inspiración… o la improvisación.

Improvisar no es dejar que todo valga (que no es otra cosa que hacer frente, exitosamente, a situaciones imprevistas), ni que dé igual preparar o descuidar un trabajo. Muy al contrario, la capacidad de improvisar, como la de ser creativos, requiere de un trabajo, de una preparación y de una constancia en la ejercitación. Y como todo trabajo continuado suele dar resultados estupendos.

Lo que hace única a la creatividad como habilidad es que nos ayuda a ampliar nuestro abanico de recursos ante diferentes situaciones, a no temer las reacciones adversas, a no cerrarnos y escuchar activamente lo que ocurre y lo que el otro nos propone y cuenta… y a aplicar a nuestro trabajo una dimensión en realidad muy humana y necesaria, que nos lleva al juego y a la imaginación.

Estamos convencidos de que todos y todas tenemos la capacidad y la necesidad de desarrollar nuestra creatividad, sea cual sea nuestro ámbito de actividad. Si tú también lo crees, puede interesarte el Training de creatividad de actúaempresa, porque parte de técnicas propias del teatro pensadas y adaptadas para que sean realmente útiles a quien no va a salir a escena pero sí necesita comunicar, presentar, vender, contar, convencer… mejor, con más eficiencia y seguridad. Se trata de descubrir, al fin, que cuantas más soluciones posibles tengamos y más abiertos estemos a incorporar y crear, más seguros estaremos de nosotros mismos y del resultado de lo que hacemos.

“Si quiere trabajadores creativos, dales tiempo suficiente para jugar.”

John Cleese

 

Jesús Briones

Dirección de proyectos

 

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