Hacemos un coach virtual a nuestros políticos antes del debate

Anuncian que en el debate electoral de hoy los intervinientes van a contar con atril, a diferencia del de noviembre, que se prestaron a estar de pie con esos micrófonos colgantes y en ese espacio frío y aséptico. ¡Qué pena!

Digo qué pena porque nos van a privar de una parte importante del lenguaje corporal con que nos obsequiaron en la pasada edición. Y dado que no es nada cómodo estar de pie sin sitio donde apoyarse, lo que el cuerpo iba diciendo a lo largo del debate fue especialmente elocuente.

Nos van a privar del baile inquieto de Albert Rivera, que suele estar con el peso en uno de los pies, adelantando el otro lo que le hace estar en casi permanente desequilibrio, o de la dificultad de Pedro Sánchez por mantener esa posición de manos cogidas delicadamente por los deditos a la altura del ombligo, claramente antinatural pero para la que debe de estar entrenado y a la que volvía siempre aunque estuviera más a gusto cuando extendía los brazos. Tampoco vamos a ver las piernas separadas de Iglesias, quizá el más claramente plantado con esas curiosas puntas de los pies hacia fuera. Y claro, como Rajoy no estuvo en este brete, no podremos saber cómo lo haría. Podemos imaginarlo pero… ¡ay!

Las manos seguirán hablando, aunque con menos recorrido. Todos tenemos un gesto de seguridad, del que partimos y al que volvemos al hablar, para sentirnos seguros. Ser conscientes de cuál es el nuestro es importante. No abusar de él es lo ideal (Iglesias abusó de su boli), pero al menos ser conscientes. Lo que nos enseña el teatro a este respecto es que debemos apoyarnos en gestos que nos resulten naturales y cómodos, no en gestos artificialmente preparados en base a trucos de manuales de comunicación no verbal. ¿Y eso por qué? Porque como espectadores lo vemos todo. Quizá no todo de una forma consciente, pero incorporamos todas la información que vemos en escena.

No sé en qué manual o escuela recomiendan hacer gestos con las palmas abiertas, dedos cerrados y juntos y pulgares alzados moviendo reiteradamente las manos de arriba abajo, de dentro hacia fuera, de izquierda a derecha… generando siempre un espacio entre las palmas de la medida del torso, como si sostuvieran una barra de hielo. El buen gesto, y eso también es una enseñanza básica de teatro, el gesto que realmente resulta creíble al público, es aquel que va acompasado con lo que decimos y con lo que somos. Cuando vemos la palabra por un lado y los gestos por otra, de forma incontrolada, desacompasada o mecanizada percibimos que algo raro o falso está ocurriendo en escena.

En la vida real, ¿Cuántas veces usamos las manos abiertas, dedos juntos y pulgar alzado para expresarnos? ¿Por qué usarlo “en escena”? ¿Por qué no usar nuestros gestos naturales, potenciados de forma consciente y controlada?

Algunos han querido tomar el uso de las manos de grandes oradores como Obama. Pero han olvidado que Obama incorpora, como buen actor, la pausa dramática y la de pensamiento y sus gestos van motivados por la palabra y no separados de ella, los dedos de las manos no están rígidos y pegados, sino en posiciones varias, naturales… como en la vida misma.

Todavía, ya lo hemos dicho antes, se piensa demasiadas veces que hacer teatro es fingir, impostar la voz, hacer muchos gestos con el cuerpo… cuando el teatro se nutre de la vida y la pone en escena, sí amplificada, sintetizada, poetizada… pero siempre con verdad.

Sí, es una pena que el atril nos tape parte de la información pero aún así las miradas, el cuello, los hombros, la voz… nos darán más información de la que quizá ellos sean conscientes de estar dándonos. Estaremos atentos y nos seguimos contando después del debate.

 

Jesús Briones

Coordinador de actúaempresa

 

 

 

En respuesta a El atril
  1. […] Volvemos donde lo dejábamos ayer y para que nadie se lleve a engaño: no vamos a hablar de “hacer teatro” como esa supuesta la capacidad de los políticos para fingir. Lo que nos interesa es en qué medida supieron decir, contarnos, comunicar… de forma creíble en ese escenario de ayer de nuevo gris y blanco, tan neutro como el del debate de noviembre, añadiendo sólo esas curvitas de colores como detalle, que recordaban a las de evolución en intención de voto. […]


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