El inicio de una intervención en público -conferencia, rueda de prensa, presentación de informes…- es a menudo decisivo para el desarrollo del resto de la intervención. Cómo haya sido la “actuación” precedente, el estado de ánimo de la audiencia, las condiciones físicas del espacio, hasta la hora a la que se produce… son algunos de los factores que es necesario tener en cuenta para comenzar con buen pie.

El objetivo de todo inicio es que quien escucha se sienta atraído por las primeras palabras, que lo que se cuenta al comenzar sea una promesa, un adelanto atractivo, un guiño al que sea imposible o muy difícil sustraerse. El comienzo de una intervención es la base sobre la que se asientan los siguientes pasos, por eso es tan importante prepararla bien.

Y para ello es necesario olvidar caminos trillados y poco sorprendentes que remiten a quienes escuchan a otras muchas charlas anteriores o anuncian aburrimiento: largas introducciones, extensos saludos y agradecimientos, mostrar excesiva modestia, autopresentarse confusamente…, son algunos tipos de malos comienzos. En realidad, el peor comienzo es el que no se nota que lo es: comenzar debe ser una chispa atractiva, y a poder ser deslumbrante.

Ya, pero entonces, ¿cómo puede comenzarse de una forma interesante, inquietante, movilizadora o seductora? Hay diversas formas de hacerlo que deben en todo caso elegirse y acomodarse a la personalidad de cada cual. Por ejemplo, haciendo una pregunta curiosa a la que se dará respuesta a lo largo de la intervención: “¿Se han preguntado ustedes por qué Coca-Cola no quiere que su fórmula sea conocida?”, o “¿Conocen la trascendencia para la medicina y la salud de las personas lo que puede aportar una planta enferma, el cornezuelo del centeno, sin ir más allá?” Claro que la pregunta puede ser retórica: “¿Os habéis preguntado cuántas personas en el mundo tienen seguros que mejoran su vida?”

Se pueden emplear anécdotas, propias o de otras personas, o historias, grandes o pequeñas, que servirán luego para ilustrar el “alma”, el núcleo de la intervención. Pueden utilizarse recursos visuales o físicos: un objeto que genere curiosidad, un gesto especial, que produzca curiosidad y que pueda explicarse más adelante en el contexto de la presentación. Encender una cerilla, botar un balón, o manejar un mando que mueve por el espacio un cochecito eléctrico son unos ejemplos.

Una cita, relevante pero poco conocida -mejor si es desconocida- es otro modo de inicio que puede dar grandes resultados. Y otra cosa que muestra a menudo sus enormes beneficios es el empleo de cifras, números. Cifras, fechas o códigos cuya trascendencia se descubrirá a lo largo de la charla.

Metáforas, poemas, y hasta el silencio controlado son formas de iniciar que podrán ayudar a centrar la atención y hacer memorable la intervención.

La condición para el éxito de estas u otras fórmulas sorprendentes de inicio es que sean verdaderamente útiles al discurso, que tengan sentido y relación profunda con algunos de los argumentos o informaciones empleadas a lo largo de la “actuación”. Nunca debe emplearse un comienzo sorprendente que no tenga “recuerdo” posterior en algún momento de la intervención.

El inicio debe ser una grata promesa, el anuncio de que nos hemos tomado en serio la preparación de lo que vamos a decir y de lo importante que son para nosotros quienes nos escuchan. El inicio es esa ocasión para diferenciar nuestra palabra que debemos aprovechar.

Robert Muro

Socio Fundador actúaempresa

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