Decía Roland Barthes que todas las personas llevan consigo una historia y, las sociedades, un relato propio. Además, tras escuchar su historia, crece nuestro aprecio e interés por esa persona o sociedad.

Por eso es tan útil para las empresas construir su propio relato de marca, trayectoria o características propias. Dicha narrativa aporta dos valores complementarios a la empresa: uno interno –como refuerzo de autoestima y percepción propia de sus empleados– y uno externo –como elemento caracterizador y de posicionamiento-.

Para ayudar a crear y transmitir esos relatos –storytelling– el teatro se nos muestra como un valor fundamental, no sólo por el hábito de construir historias, sino también por las herramientas que proporciona para transmitirlas eficazmente.

Ante cualquier tema que necesitemos abordar, el teatro tendrá el poder de humanizarlo, personalizarlo y, además, conectará con el inconsciente de nuestro receptor: ya sea cliente, interlocutor o espectador…

Pero si esa es la fuerza de su contenido, no menos importante es la capacidad que nos ofrece el teatro para transmitirlo. Nos brinda la oportunidad de mejorar nuestra presencia, nuestra voz, nuestra capacidad de seducir al oyente para que nuestra historia interese, transmita y, en suma, se nos comprenda.

Para ello nada mejor que fijarnos en la cartelera teatral y hablar de un actor que hace de su actuación un perfecto ejemplo de lo que decimos: Miguel Rellán y su interpretación de “Novecento, el pianista del océano”.

Destaquemos primero la capacidad del autor, el italiano Alessandro Baricco, para hacernos cercana la historia de un niño que es abandonado en uno de aquellos barcos que, a principios del siglo XX, cruzaban el océano uniendo Europa y América. El niño, que será apadrinado por el pianista de la orquesta de jazz que ameniza las noches del crucero, jamás descenderá a tierra y se acostumbrará a vivir en el barco, convirtiéndose con el tiempo en uno de los mejores pianistas del mundo. Años más tarde, cuándo el viejo barco ya inservible va a ser dinamitado, nuestro hombre no dudará en quedarse a bordo y desaparecer con el navío que ha sido su único hogar.

Pero la magia del relato no tendría toda su fuerza sin la maestría de un actor capaz de transmitirla cada día: Miguel Rellán. Interpretando al personaje de un trompetista, compañero de orquesta del protagonista, nos hace viajar por todos los paisajes, emociones y sentimientos de la historia. Aplica las técnicas del buen contador: ver lo que nos cuenta y, por tanto, nos hace ver con él. Hace visible lo invisible, nos contagia su convicción y su energía.

¿Podemos desear en nuestra empresa algo mejor, al hacer una presentación o un acto público, que nuestra audiencia vea lo que nosotros queremos comunicar, les interesen nuestros contenidos, les transmitamos emociones y, además, lo hagamos desde una fácil comprensión?

Esa es la lección que nos regalan muchos actores, muchas obras de teatro que están en cartel. Desde este blog iremos recomendando aquellas que estimamos más en consonancia con los programas de formación de ACTÚA EMPRESA.

Hoy os proponemos “Novecento” y lo hacemos con la garantía de que, cuándo el año pasado la incluimos dentro de las actividades de nuestro curso con el Departamento de Marketing de Repsol, despertó no sólo el interés profesional de sus miembros, sino también la diversión y el disfrute artístico, para nosotros tanto o más importante.

Os invitamos pues a descubrir esta obra que, precisamente durante el mes de marzo, podrá verse en el Teatro Lara todos los martes a las 20 horas.

 

Santiago Sánchez.

Director pedagógico.

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