Ser conciso, respirar hondo antes de entrar y sonreír, hablar despacio, dar siempre más de dos pasos y con un destino claro, usar las manos de forma que apoye el discurso, mirar a los ojos, visualizar nuestro éxito mientras nos preparamos el discurso, introducir elementos personales en lo que contamos… ¡hasta la clásica tila antes de la ponencia!

Éstos y muchos más consejos y fórmulas están a nuestra disposición online y en talleres, sesiones de coach y team-building impartidas por empresarios, psicólogos, profesionales de la comunicación…

Cualquier paso que demos para reforzar nuestras capacidades expresivas puede sernos útil tanto en nuestro ámbito personal como en el profesional. Ahora bien, ¿qué valores añadidos obtenemos cuando quien lo imparte es un profesional del teatro y emplea y adapta técnicas y ejercicios propios del trabajo actoral?

El teatro es esencialmente un ejercicio de comunicación presencial y compleja; nunca meramente informativa porque la vivimos y sentimos en el momento presente. Por ello el trabajo teatral ha desarrollado y puesto en marcha herramientas a varios niveles: desde el manejo de ese instrumento tan poderoso que es nuestra voz hasta la preparación, expresión y movimiento de nuestro cuerpo en el espacio, pasando por los objetos que vamos a manejar en escena, nuestra gestualidad, el análisis de texto… y esa imprescindible relación con el público, viva, rica, compleja… que se puede y se debe trabajar, cuidar y preparar.

Entre los rasgos propios del trabajo actoral y que sin duda se muestran útiles para el trabajo con no-actores vamos a centrarnos hoy, en este post, en cuatro fundamentales:

– el trabajo con y para el público: cómo interesarle, emocionarle, cautivarle, involucrarle, atenderle… en lo que contamos y en cómo lo contamos.

la integración de elementos en una “puesta en escena”. En teatro texto, acciones, movimientos, elementos técnicos, vestuario… están organizados, pensados y puestos en una escena al servicio de la historia que queremos contar. Si descuidamos alguno de estos aspectos el público sin duda lo notará y lo decodificará como algo discordante. Y en el fondo, a cualquier acto de comunicación ante una audiencia en empresa ocurre algo parecido. Siempre hay un contenido y una identidad personal y empresarial que interesa transmitir de la mejor manera a un público al que queremos interesar y cautivar y no descuidar, aburrir o confundir.

– la verdad. El hecho de que un actor o actriz no sean su personaje no quiere decir que el teatro sea mero fingimiento. El teatro es representar, dar vida a una historia con la máxima verdad y honestidad. Y gran parte del trabajo del actor es usar todos los recursos que ha aprendido y ejercitado para contar con verdad, naturalidad y credibilidad. Desde las técnicas teatrales se busca reforzar nuestros rasgos expresivos naturales y potenciar nuestro puntos fuertes, sin trucos impostados.

– el trabajo con emociones y sensaciones. Las emociones con que se trabaja en teatro son muy diversas. Y muchas son enormemente útiles para un trabajo en el ámbito empresarial. Pensemos por ejemplo en algunas como: curiosidad, interés, empatía, alegría, sorpresa, entusiasmo…

Estos cuatro pilares apoyan un trabajo en el que se suman muchas técnicas y herramientas habituales en ensayos de obras de teatro y que trasladadas a la formación de no-actores configuran un rico abanico de posibilidades en el ámbito de la comunicación y de las relaciones empresariales.

Es fundamental tener en cuenta distintos elementos a la hora de comunicar: no sólo un buen chart, no sólo un discurso bien organizado… sino todos los elementos que integran nuestra “puesta en escena” para conseguir un mayor control sobre la misma y una comunicación realmente eficaz, persuasiva y que los asistentes recuerden que, al fin y al cabo, ya sabemos que viene de re cordis. Es decir, volver a pasar por el corazón.

Jesús Briones

ActúaEmpresa

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