Técnicas teatrales para mejorar el lenguaje corporal

Probablemente de lo que “dice” nuestro cuerpo, por sí mismo, es decir, cuando no establecemos sobre él una estricta vigilancia, es de lo que menos conscientes seamos.

Cómo cruzamos las piernas cuando estamos relajados o tensos; si miramos o no siempre a las mismas personas en vez de dirigirnos a todos cuantos conforman el grupo; qué hacemos con nuestras manos cuando hablamos y los ojos de los demás se dirigen a nosotros; cómo aferramos el atril como si nos dominara el temor a salir de su espacio acogedor en vez de movernos por el amplio escenario; o el empeño en leer nuestra propia presentación al tiempo que damos la espalda a los oyentes… Son algunas de las muchísimas situaciones que se dan cotidianamente y que tan a menudo contribuyen a distanciar al público del presentador y a reafirmar en éste su temor a los momentos de encuentro con sus oyentes.

Y sin embargo, no es complicado hacer de tu cuerpo, de tus ojos y tus manos, de tu lenguaje corporal en suma, un aliado que contribuya desde tus propias características físicas, a transmitir mejor los mensajes que quieres trasladar a tu audiencia. En el teatro, en las habilidades que intérpretes y directores emplean al construir sus personajes y darles vida, moviéndose por el escenario, hay numerosas claves que otras personas alejadas del mundo escénico pueden conocer primero y emplear después al servicio de mejorar su comunicación personal y profesional.

Aquí van algunas de ellas, unas pocas, para abrir boca.

  1. La energía y la relajación, elementos aparentemente contrapuestos, son la primera clave corporal. Al entrar a “escena” el presentador/a ha de hacerlo con la energía adecuada, que nunca es la misma que la de su vida “normal”, sino que incorpora un punto más de potencia, imprescindible al enfrentarse a docenas o cientos de personas a todas las cuales ha de llegar esa energía. Y al mismo tiempo un nivel de relajación que permita entrar en juego controlando al máximo todas tus capacidades físicas y mentales y el entorno sin que el nerviosismo o el temor las atenacen.
  2. Tu cuerpo, tus características físicas son tu aliado, no tu enemigo. Y desde ellas has de partir convirtiéndolas en fortalezas. La impostura, la afectación, esa sensación que se transmite cuando alguien está forzado mientras habla a su audiencia, es un gran enemigo de la comunicación. En el teatro los actores, a menudo sean cuales sean sus rasgos fuera de escena, asumen papeles y personajes muy distantes física y psicológicamente a sí mismos, a los que con su trabajo actoral, desde sus propias características, aportan e insuflan vida, hasta hacerlos absolutamente creíbles por quienes los miran. Aceptar y partir de cómo somos, cómo nos movemos, nuestra altura o volumen, y hasta nuestros puntos débiles es condición imprescindible para hacer una buena y convincente presentación. Poner de acuerdo esos rasgos propios, mejorando la capacidad de comunicar desde ellos, permite llegar a ser lo que en teatro se llama “orgánico”, que no es muy diferente a ser creíble y transmitir verdad.
  3. Atender a la presencia y el aspecto físico, al cuidado personal, al vestuario es una clave inicial de enorme trascendencia. Los ojos de nuestros oyentes nos escrutan y valoran lo que decimos, hacemos, cómo nos movemos, sí, pero también nuestro aspecto, que debe atender a coordinar nuestras propias características y nuestra comodidad, con su necesaria adecuación al lugar en el que estamos, a quienes nos oyen y al mensaje que transmitimos. Una corbata, un pañuelo sobresaliendo de un bolsillo, unos tacones excesivos o un color inadecuado de nuestra ropa –por poner unos ejemplos mínimos- son señales que debemos saber interpretar y usar a nuestro servicio. Incluso podemos emitir mensajes corporales contradictorios si somos conscientes del valor que esa contradicción aporta a nuestro mensaje.
  4. Emplear y poner el espacio en el que se produce la intervención al servicio de esa presentación. El escenario no es un territorio “minado” ante cuyos peligros lo más seguro es permanecer al resguardo del atril o la mesa. El escenario es un espacio a nuestro servicio, que hemos de haber tenido en cuenta en la preparación de nuestra intervención y que hemos de emplear sabiamente durante ella, para mostrar seguridad, capacidad de dominio, direccionalidad hacia todos los asistentes…
  5. Debemos conocer el significado de la gestualidad general y particular. El lenguaje corporal es un código formado de gestos reconocibles e interpretables que debemos conocer y poner a nuestro servicio. Los brazos cruzados, o por el contrario, pegados verticalmente y de modo constante al lateral de nuestro cuerpo; el manoteo insistente, casi un aleteo que pone nervioso al espectador al mismo tiempo que al propio presentador; el movimiento constante y sin pausa que transmite inseguridad e impide realzar los momentos clave de tu presentación; la mirada centrada en una dirección, grupo de personas o persona, que transmite a cuantos no forman parte de ella que para el presentador no eres interesante…, son todos ellos signos a dominar.

 

Las técnicas teatrales nos pueden hacer más conscientes de nuestro propio cuerpo, a partir de nuestras características para convertirlas en fortalezas y en herramientas al servicio de una mayor credibilidad. Nos pueden ayudar a adquirir la energía y la relajación adecuadas para convertir una intervención pública en un buen momento. Nos pueden ayudar a mejorar nuestro lenguaje físico y, al mismo tiempo, a hacer que la audiencia disfrute más de nuestra intervención. El teatro es una caja de sorpresas para quien se anime a abrirla e indagar en ella.

 RobertMuro

Co Director de ActúaEmpresa

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