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He tenido el honor de actuar de chairman – o conductor- en el ultimo Canadean Soft Drink Strategy Congress celebrado los días 17 y 18 de febrero. Este foro reunió a representantes de la industria de las bebidas de todo el mundo, con una nutrida representación británica, norteamericana y española. El congreso se celebró, por tanto, 100% en inglés, sin ningún tipo de servicio de traducción, confirmando una vez más que el inglés es el idioma universal de las empresas.

Desde esa privilegiada atalaya y con la obligación de dirigir el turno de preguntas y resumir las conclusiones pude ver un amplio catálogo de estilos de presentación con 26 ponentes de todas las nacionalidades y perfiles. Pude constatar con satisfacción que los participantes españoles, millennials o baby boomers con nuestros característicos acentos celtibéricos, nos comunicábamos perfectamente en inglés. (¿no tiene acaso Richard Vaughan un personalísimo acento tejano?)

Lo que definía la efectividad de la presentación de cualquiera de los ponentes no era el dominio de ese idioma universal sino sus habilidades de comunicación en vivo y en directo. Hubo algunos ejemplos de habilidades narrativas, presentadores con un extraordinario dominio escénico que consiguieron captar la atención de la audiencia desde el primer minuto.

Pero también hubo presentadores con un nivel de energía asombrosamente bajo que inevitablemente se transmitía a la marca que estaban presentando. Pude comprobar una vez mas lo difícil que es saber terminar una presentación y crear una historia con un desenlace memorable, que la audiencia desee ardientemente conocer

Observé cómo ponentes seguros y profesionales no eran conscientes de gestos automáticos que eran evidentes para la audiencia y que restaban credibilidad y autoridad a sus mensajes. Hubo nativos en inglés que transmitían una sensación de nerviosismo tal que hacía que los oyentes estuvieran mas pendientes del malestar del ponente que del contenido de su presentación. Es importante pero no basta con autoimponerse hablar en público aunque produzca temor. Se necesita técnica y entrenamiento para hacerlo de un modo informado y consciente.

Si el sistema educativo no nos prepara en este tipo de habilidades, es el momento de solucionarlo en el ámbito profesional, evitando que estas deficiencias sean una barrera para el desarrollo profesional, los resultados de la empresa y la realización personal.

El idioma hoy no es un obstáculo. Las habilidades de comunicación si pueden serlo.

Pedro Antonio García

Co-director ActúaEmpresa

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