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Hay muchas fórmulas y ejemplos exitosos acerca de cómo comunicar bien ante una audiencia. Hoy analizamos un ejemplo audiovisual y lo hacemos desde la perspectiva de Actúa Empresa. Creemos que el teatro tiene mucho que aportar a la comunicación en general, porque el teatro es un gran acto comunicativo y porque las herramientas que son útiles a los intérpretes pueden servir también, y mucho, a los que no tienen que salir a actuar, pero sí “a escena”.

De los numerosos aspectos que pueden influir a la hora de comunicar vamos a centrarnos hoy solamente en uno: la organicidad. La organicidad en teatro es fundamental porque de ella depende en buena medida la verdad que el actor consiga transmitir al espectador. Un personaje transmite verdad si consigue una interpretación orgánica, que armonice los rasgos exteriores con lo que el personaje es y con lo que dice y no asumiendo rasgos ajenos o contradictorios con nuestra identidad y nuestro mensaje.

Y para ello vamos a proponer fijarnos en un ejemplo en vídeo: Steve Jobs. No en un vídeo en concreto sino en diversos momentos: desde esa primera presentación en 1984 hasta las de 2011 (un breve zapping en youtube permite este sencillo ejercicio).

En las diferentes presentaciones de Jobs observamos cómo va trabajando la organicidad en dos cuestiones concretas que os proponemos pensar para vuestras presentaciones:

En primer lugar ¿cómo salgo vestido? ¿hay organicidad entre lo que dice mi vestuario y lo que estoy contando y mostrando de mí y de mi producto? ¿O hay contradicciones? ¿O visto así por convención pero no lo he pensado a ese nivel? Steve Jobs decidió resolver pronto esa cuestión y optó por ese sencillo jersey de cuello alto, vaqueros y deportivas. Y ha configurado un personaje inolvidable: cercano, amigable, sencillo, discreto y confiable. Valores que fácilmente pueden asociarse a la marca. ¿O acaso hubiera dado lo mismo que mantuviera la chaqueta y corbata con la que salió en el vídeo de 1984?

La segunda cuestión que queremos plantear con respecto a la organicidad es ¿cómo debo moverme y qué gestos debo hacer? ¿Y… debo moverme y gesticular mucho o poco? ¿cuándo conviene moverse y enfatizar con un gesto? Y lo cierto es que para estas preguntas no sirven tanto las fórmulas mágicas (y hay muchísimas, por cierto) como aquellas que tratan de poner de acuerdo nuestros gestos y nuestros movimientos en el espacio con lo que somos, lo que decimos y lo que queremos contar. Jobs, por ejemplo, lo hace apostando por gestos mínimos pero precisos: insertando un disquete, quitando un saco de tela para desvelar aquel primer mac, buscando su ipad en la mesa, tomando un trago de una botella de agua, todo con esa actuada naturalidad del “por aquí tengo…espera que lo busco…” y con el juego de “ahora os estaréis preguntando…” y por ello el conjunto suele tener la energía y la verdad de un actor moviéndose en el espacio y jugando los objetos de su escena. Porque él busca, acorde con la elección de vestuario, crear una identidad sencilla, simpática y cercana al mismo tiempo que transmite el mensaje de la sencillez de manejo, la precisión y practicidad del producto ofertado.

Además, Jobs respeta escrupulosamente los tiempos cuando habla y presenta loas virtudes del producto y cuida minuciosamente la conexión con el público reforzando el producto con elementos cercanos, simpáticos o emotivos. Porque sabía que cualquier producto es más atractivo si sabemos asociarle valores y emociones. Pero esto ya entra en otros apasionantes terrenos donde el teatro también tiene mucho que decir: cómo comunicamos en el espacio y cómo armamos narrativa y emocionalmente nuestros discursos para que tengan más fuerza y memorabilidad (el storytelling). Y en ellos entraremos en próximos post.

Jesús Briones

Dirección de Proyectos

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